viernes, 25 de septiembre de 2009

Todo está en la cabeza

A estas alturas de la revolución mediática, nuestros televisores bombardean infinidad de mensajes: los mensajes literales “Copón lava más blanco”, los mensajes metafóricos “Copón te hace la vida más fácil” y, encumbrando el Olimpo del fino ingenio publicitario, el mensaje subliminal, “¿Ves a esa macizorra? pues lava con copón…”. Por otro lado, las archiconocidas multinacionales pueden permitirse el lujo de hacer publicidad sin mensaje y, fuera de toda clasificación, quedan aquellos anuncios en los que uno no sabe si copón se come, si copón combate la disfunción eréctil o si copón bendito.

Dentro de este último grupo se halla un curioso anuncio que combina dos conceptos jamás vistos juntos antes en una misma frase: el champú mentolado y las tías buenas. Porque como todo el mundo sabe, la menta produce una compleja reacción química en las entretelas del cerebro femenino, capaz de crear la ilusión de vislumbrar un macho en cualquier tío que se ponga por delante. De ahí la fama que gozan los mojitos como potente afrodisíaco, fama que nada tiene que ver con el chute de azúcar de caña y el chorrazo de ron blanco.

Afrodisíacos aparte, es evidente que la expresión “champú mentolado = tías buenas” es incompleta, a falta de una incógnita X que, efectivamente, es la madre del cordero de este ardid publicitario, y es que por lo visto, la gracia de usar champú mentolado es que ayuda a mantener la cabeza fría. Visto esto, no es extraño preguntarse qué aporta al protagonista del anuncio, el hecho de mantener fría su cabeza:

1. La caspa cristaliza ofreciendo un bello efecto purpurina.
2. Cuando done su cerebro a la ciencia, se hallará en perfecto estado.
3. No llamará al teléfono de Susi preguntando por Loli

Así que no estamos ante un anuncio del estilo “compra esto y folla mucho” si no que nos encontramos ante una fórmula pionera que proclama “si follas mucho, consérvalo” un mensaje que ofrece seguridad, concepto sobrevalorado en estos tiempos de profunda incertidumbre en que el euríbor te deja sin ir a esquiar, los de la mutua te operan de la pierna sana y tu madre se va con un cubano en lugar de ayudarte con los niños.

Ergo, si el champú mentolado se dirige a un sector de la población masculina que se caracteriza por alternar con muchas mujeres y follar con todas ellas sin tener que pagar, no podemos evitar preguntarnos quién coño va a comprar el bendito champú, sobretodo porque Julio Iglesias, Berlusconi o Briatore, si a estas alturas ya andan escasos de algo, es de pelo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

No sin mi bigote

Para cualquier mujer, el pelo que nace sobre su labio superior no es motivo de preocupación alguna, debido principalmente a que éste no suele ser objeto de exposición púb(l)ica. El bigote, sin embargo, es una cuestión muy delicada con la que se ve obligada a lidiar durante toda la vida.

La existencia del bigote no está exenta de cierto dramatismo épico, puesto que no es capaz de hallar su papel dentro del ciclo vital de la individua, y se limita a proporcionarle momentos estelares en las circunstancias menos propicias:
-¡Qué gracioso está el gato con gorrito!
- Es mi nieta.

Poco a poco y con el paso de los años, se va tomando conciencia de su existencia.
- ¿Me queda bien el super-rouge-glossy de Marga Retastor?
- ¿Tengo que contestarte hoy?

Entonces se opta por combatirlo sutilmente: el decolorante
- ¿A que ya no parezco un orco?
- Ahora pareces Gandalf

Y en vista del éxito, se acaba optando por la vía rápida.
- ¿Pero quién te ha hinchado los morros?
- Mi esteticista

Lo que conduce inevitablemente a tal bucle de los horrores, que ríase usted de la prodigiosa germinación de las habichuelas mágicas.
- ¿Tienes púas en la cara?
- Y tú cara de puta

Así que por puro agotamiento se acaba tirando la toalla hasta el punto de perder la propia conciencia sobre su existencia.
- Ayer te ví con tus amigas y parecíais como hermanas.
- Paseaba a mis nutrias…

Cuán diferente sería todo si se viera desde una óptica más positiva, es decir, abrazando las ventajas que, como mujer, te brinda el hecho de tener bigote:

1. Te hace más macho, que es estupendo para que te hagan casito cuando vas a la ferretería.

2. Tienes un apasionante tema de conversación con tu padre, aunque no te guste el fútbol: ¿cuchilla o navaja?.

3. Es un detector térmico infalible: a dos metros del vaso de leche, ya sabes si te vas a abrasar la lengua.

4. Puedes vaticinar un movimiento sísmico antes de que se produzca, incluso en algunos casos, señalar el epicentro.

Pero lo mejor de todo, es que con un buen bigote puedes albergar serias aspiraciones a que te nombren reina de las fiestas de tu pueblo. La única pega es que a lo mejor se empeñan en arrojarte desde el campanario...