viernes, 19 de marzo de 2010

Cosas Sobre Investigación


Las Cosas Sobre Investigación, en adelante CSI, tienen una gran aceptación popular, llegando a considerarse como una de las principales fuentes de conocimiento al alcance del pueblo llano. Lo que no se acaba de saber es qué tienen todas esas series televisivas de CSI para que, a pesar de que siempre sigan el mismo patrón (los protagonistas parten de una escena del crimen rocambolesca, luego sacan fotos, luego pasan el cepillo, después intimidan a los sospechosos y finalmente descubren al culpable), nos resulten tan adictivas. Y es que la fórmula magistral de las CSI es el resultado de la combinación de diversos factores:

1. El investigador es capaz de leer la escena del crimen como si fuera un periódico:
- El asesino disparó a la víctima mientras dormía, luego estuvo un rato probándose su ropa interior y finalmente escapó por la ventana.
- ¿Cómo sabe todo eso?
- Porque lo dice en la confesión que dejó antes de irse.

2. Los píxeles no existen. Cualquier imagen u objeto pasado debidamente por el scanner, adquiere más nivel de detalle que un cuadro barroco:
- Si hacemos un zoom del pellejo que encontramos entre los colmillos del perro, se distingue claramente que la piel de la víctima estaba perfectamente hidratada.
- ¿Y eso qué nos aporta?
- Que era mujer, gay o metrosexual.

3. Y algo parecido sucede con las grabaciones de audio defectuosas, una vez caen en manos del especialista con el programa informático adecuado:
- Bien, ¿hemos averiguado algo del sospechoso?
- Sí, que es minero
- ¿Y qué más?
- Que templó su corazón con pico y barrena.

4. El más nimio detalle puede ser la clave para tirar del hilo de la investigación:
- A partir de la reconstrucción facial que nuestros especialistas han realizado basándose en el trozo de oreja que hallamos en el lugar de los hechos, se deduce que la víctima no tenía nariz.
- Fantástico, con ese dato se reduce considerablemente la lista de sospechosos.

5. Pero lo más sorprendente de todo es el conocimiento de los protagonistas en cuanto a la procedencia de cualquier sustancia:
- El arma tenía restos de un mineral llamado 'cualcurnia'.
- Ajá, ese mineral sólo se extrae de una mina al sur de Italia.

o
- El arma tenía restos de unas fibras denominadas 'esparto'.
- Ajá, ese material únicamente se teje en una cooperativa de Calasparra.

o
- El arma tenía restos de calimocho.
- Habrá que pedir una orden para acordonar España.

o
- El arma tenía restos de azúcar glass.
- Perdón, es que me has pillado merendando.

y solo muy, muy, ocasionalmente
- El arma tenía restos de semen.
- Bueno, mejor la llevamos al laboratorio.

viernes, 12 de marzo de 2010

No cualquiera planta un pino


Existe un dicho que promulga que “lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal” y eso es exactamente lo que diría LA ARQUITECTURA, si tuviera boca. Y es que por mucho que unos presuman de conocerla, otros de aborrecerla y otros de perpetrarla, el caso es que a excepción del libro gordo de petete, pocas cosas enseñan, divierten y entretienen tanto como la contemplación ensimismada del fruto de esta noble disciplina.

Los orígenes de LA ARQUITECTURA, han sido objeto de numerosas teorías, de entre las que cabe destacar una de las más antiguas y argumentadas que sostiene que la arquitectura nació el primer día que un hombre se cobijó bajo un árbol. Poco se imaginaba el individuo en cuestión que su apremiante necesidad por echar un meo fuera a ser interpretada con tanta ceremonia, y es que, sin pretender en absoluto dar al traste con la poética del momento, no hay que olvidar que si un hombre se cobija bajo un árbol y no es para mear: o es para encender un cigarro a resguardo de la lluvia, o es para atarle la bufanda de su equipo de fútbol. En todo caso, la teoría del árbol nos aporta un dato valiosísimo: la arquitectura es más vieja que la zarzuela (de pescado) con todos los vorvones dentro.

Lo curioso es que la historia del árbol no ha caído, ni mucho menos, en el olvido y suele ser una analogía arquitectónica más que recurrente. Qué tendrán los árboles, se estará preguntando usted, pero lo más importante no es qué es lo que tienen, sino qué es lo que han hecho, pregunta que los árboles se hacen a sí mismos constantemente cuando leen cosas como ésta.

Y es que, árboles aparte, LA ARQUITECTURA tiene tantísimas facetas que se presta a todas las analogías posibles, porque LA ARQUITECTURA no conoce límites:

La arquitectura no conoce límites ideológicos:
-Esa fachada me vuelve loco...
-Nos pasa a muchos.

La arquitectura no conoce límites lógicos:
-Hay que tener talento para diseñar ese porche.
-Y un par de cojones para ponerlo en Islandia.

Ni ecológicos:
-Esta casa funciona con la energía que obtiene de la mierda de vaca.
-¿Y el edificio anexo?
-El establo para criar las vacas.

Ni económicos:
-Habrá que hacer algún recorte para ajustarse a presupuesto.
-¿Quitamos los capiteles de mármol?
-Quitaremos los inodoros, que no salen en la foto.

La arquitectura no conoce límites sociales:
-Nuestra casa es un proyecto original de Vahn Skorm
-Pues la nuestra es de Pin-y-Ponn

Ni físicos:
-Su valla está dentro de mi jardín
-Pues su jardín es una buscona

Ni químicos:
-Insisto en que me haga una casita de jabón.
-Ya veo que no se la va a quitar de la cabeza.
-¿Por la insistencia?
-Por los resbalones.

La arquitectura no conoce límites espirituales:
-Construimos un centro multi-religioso para integrar a las etnias de todo el municipio.
-¿Y funcionó?
-Sí, la primera semana ya se dieron todos de hostias.

Ni penales:
-¿Qué sabes de Pepe?
-Ahora vive en un espacio compacto con todo integrado.
-Ha vuelto al trullo
-Sí...

Ni funcionales:
-¿Pasamos la tarde en el Macba?
-No tengo más ganas de skate, mejor vamos a un museo.