viernes, 30 de abril de 2010

Un año de humor

A los incombustibles blogueros: Acolostico, Anna, Bandero, Bororo, Manu, Marta y Rodericus, a los seguidores fieles como Roque, Sam Fayna, Nica, Irene, Roger, Eulàlia, y Oscar, y al resto, que siempre encontráis un momento para hacer una parada en Pepi Toria’s Blog:Muchas gracias por compartir conmigo este año de humor, espero que sigamos riendo, meando fuera de tiesto y sobretodo aprendiendo muchas cositas interesantes. 

Con el frenopático desde el cariño,

Pepi

PD: Os quiero… hacer un jersey de punto.

viernes, 16 de abril de 2010

¿Hay algún listo en la sala?


Contra de todo lo que se ha venido diciendo hasta ahora, se han hallado evidencias palpables que nos permiten afirmar que la humanidad se divide en dos tipos de personas: los que piensan que son muy listos, y el resto.

Si está entre sus aspiraciones lo de pertenecer al primer grupo, lo más importante es que se arrime a un tonto, por aquello de las ventajas que la relatividad puede ofrecerle. Aunque parezca fácil no lo es tanto, y es que tontos habrá muchos, pero no todos son adecuados. Fruto de las averiguaciones realizadas por nuestro equipo de investigación, podemos concluir que el mercado dispone de tres tipos de tonto:

1. El tonto “me caí de la mesa de partos” o tonto accidental. Es fácil de arrimar pero da unas prestaciones muy bajas, porque si va usted con él, parecerá tan listo que resultará poco creíble.

2. El tonto “soy tonto pero uso mi desconfianza para disimular” o tonto renegado.
Es de difícil arrime, pero si lo consigue le dará un rendimiento medio nada desdeñable.

3. El tonto “aún no me he dado cuenta de que soy tonto” o tonto vocacional.
Es el que da mejores resultados gracias a su talante espontáneo. El único inconveniente es que salga del armario y se incorpore al grupo anterior.

Si por el contrario, forma usted parte del resto del mundo, le será de gran utilidad conocer los parámetros que distinguen a un listo. De hecho, la manera más fácil de encontrar a un listo, es preguntar en voz alta, y es que los listos están ávidos de reconocimiento y de poder lucir sus capacidades que suelen manifestarse en cinco modalidades básicas:

1. La modalidad esto que voy a decirte va a cambiarte la vida.
- Es el mejor momento para comprar piso porque todos están desesperados por vender.
- Muchas gracias, ¿me cobra el café?

2. La modalidad rabolargo también conocida como yo más.
- He encontrado billetes por 200€ para volar a Japón.
- Ya pero ¿a que no incluye la vuelta?

3. La modalidad profética.
- ¡Qué partidazo, si es que hemos ganado dos a cero!
- Ya se veía venir.

4. La modalidad cantimpalo o cómo presumo de ser un choricillo.
- ¿Ves qué monitor? pues me lo llevé del trabajo.
- Pues déjalo irse a su casa, que tú lo que necesitas es una pantalla.

5. La molalidad, a secas.
- Vale que está de moda lo de los pantalones rotos, pero es que se te sale el 'ciruelo'…
- Envidioso…

Pero lo más importante es que tenga usted siempre muy presente las tres reglas básicas para sobrevivir en semejante entorno:
- Cuando el 100% de individuos de un colectivo piensan que son listos, nadie es listo.
- Si siente usted que está totalmente rodeado de tontos, es probable que sea usted un listo.
- Pero si siente usted que está totalmente rodeado de listos, es bastante probable que sea usted tonto.

viernes, 2 de abril de 2010

Con la mona en la mano


Las ya demostradas similitudes entre el hombre y el simio son todavía más evidentes a la vista de la estrecha amistad que siempre ha unido a ambas especies. Sobretodo en la infancia, los monos son uno de los bichos que mayor simpatía suscitan entre los más pequeños (el mono amedio, el mono-poly, el mono-plaza), simpatía que se ve truncada en cierta forma cuando se alcanza la edad adulta (el mono de trabajo, la mono-gamia, el mono de sustancias ilegales…), pero más allá del vínculo afectivo que nos une al mono, se encuentra el que nos une a la mona, con numerosos ejemplos fehacientes como la mona chita, la mona lisa, la mona curva y la operada (o ja-mona), la mona que se viste de seda o la amiga ra-mona.

Lo que no se ha dicho hasta el momento, es que bajo el título de 'mona' subyace un concepto mucho más poderoso que todos los mencionados anteriormente y que es el detonante de uno de los mayores despiporres económicos y gastronómicos que pueden acontecer en una familia (además de una boda), nos referimos sin duda alguna, a la mona de pascua. Y es que por mucho que pueda parecerle a usted que una tarta decorada no merece mayor atención, debe saber que la mona de pascua es un concepto abstracto e idealizado bajo el que se amparan todas las aberraciones producibles a partir del chocolate, y con unos precios que pareciera que éste se hubiera criado en barrica.

La mona de pascua, puede irrumpir en la vida del individuo bajo innumerables apariencias:

1. La mona-muñón. Dícese de aquella que ostenta una figurita de chocolate de dudosa forma. Son ideales para los padrinos que suelen olvidar las peticiones de sus ahijados.
- Pero, yo te pedí que fuera de los 'mormiti'.
- Pues claro, y ahí tienes el 'mormiti'.
- ¿Y por qué lleva el lazo de la 'jelou quiti'?

2. La mona-minimal. Dícese de aquella que se reduce a un huevo de chocolate en su máxima expresión, lo que viene siendo un HUEVÓN.
- El huevo es muy chulo, pero ¿dónde está la tarta, el muñeco, las plumas y las chuches?
- El huevo se los comió a todos, búscalos dentro.

3. La mona especulativa. Dícese de aquella que refleja los deseos inmobiliarios más inconfesables.
- Entonces ¿te ha gustado el castillo de la princesa-sirena y cantante?
- Sí pero ¿dónde tiene plaza de parking?

Y podríamos seguir hasta la noche, desgranando el resto de numerosas variantes de la mona, capaces de desorientar al más pintado.

La sentimental:
- ¿Vendrás con la mona?
- No, lo hemos dejado.

La erótica:
-¿Me harás la mona?
-Sí, pero en privado.

Pero si lo que usted quiere es que su ahijado guarde un grato recuerdo de ese día, lo mejor es que le haga la mona usted mismo y con ello habrá conseguido dos cosas: en primer lugar, le habrá usted regalado el tiempo que dedica en hacerla, y su ahijado cuando eche la vista atrás podrá valorar adecuadamente el esforzado gesto y en segundo lugar, no habrá usted pagado sesenta euros por un mojón de chocolate, con ello su ahijado lo recordará siempre como a un padrino y no como a un primo.