domingo, 16 de enero de 2011

El que re-baja, baja dos veces

En esta era revolucionaria de las telecomunicaciones, los avances biotecnológicos y los yogures que regulan el tránsito intestinal, queda todavía un enigma de profunda complejidad que supone uno de los principales bastiones aún por superar, por parte del cerebro humano medio, refiriéndonos como "cerebro humano medio" a un cerebro entero pero con una capacidad asimilable a la media total. Si a eso añadimos que una media total es un panty y que una media a secas llega solo a mitad del muslo, podríamos concluir que la capacidad de la humanidad para comprender dicho enigma, se sitúa de cintura para abajo. Conclusión que podría hacerse extensible al 99% de los enigmas con los que la humanidad se ve obligada a lidiar cotidianamente.

Aclarado este punto, el enigma en cuestión es la utilidad real de las rebajas. Y es que por mucho que los precios desciendan, al ciudadano medio (o panty) en el fondo le importa un huevo, ya que no por ello va a gastarse menos dinero del previsto sino que se va a llevar más cosas a cambio, lo que va a producirle la agradable sensación de que es muy inteligente. Pero lo que generalmente se ignora es que comprar en rebajas no solo no sirve para ahorrar, sino que además no sirve para NADA, lo que vamos a ilustrar con un ejemplo muy simple de flujo de caja, cash-flow para los entendidos (y para los no, el nombre de un popular pienso para gatos). Las hipótesis de partida serían:

1. Supongamos que sus necesidades de renovación del vestuario de temporada implican renovar una falda al año.

2. Las necesidades de renovación es un patrón fijo, independiente del stock acumulado que tenga  usted en el armario.

3. Las rebajas son del 50%, por lo que usted comprará sistemáticamente el doble de lo que necesita.

1er año
Necesita 1 falda
Compra 2 faldas
Total en su haber: 2 faldas

2o año
Necesita 0 faldas (necesitaría 1 pero tiene la que se compró de más el año pasado)
Compra 2 faldas (aplicación del patrón fijo reforzado por el 50% de descuento)
Total en su haber: 3 faldas

3er año
Necesita -1 faldas (podría regalarle 2 faldas a su vecina, pero ella está más gorda que usted...)
Compra 2 faldas (la cabra tira al monte...)
Total en su haber: 4 faldas (las hay que con menos montan un atellier...)

Etcétera... y si nadie la para, se planta usted al cabo de diez años de rebajas con un stock de once faldas, sin que por ello desaparezca ese sentimiento de desamparo cuando abre su armario y suspira que no tiene NADA que ponerse. Y es que ninguna de las once benditas faldas (la mini, la tejana, la de tubo, la de tablas, la de globo, la elástica, la de colegiala, la de pinzas, la de flores, la de cuero y la de faralaes) es de temporada. Si a eso le añadimos que esa temporada los diseñadores han decidido que las mujeres se tapen el culo únicamente con una blusa larga, resulta que allí donde la falda justificaba su sueldo, ahora no hay NADA (excepto media nalga que asoma bajo la blusa). Dicho esto podemos concluir que efectivamente, tras diez años comprando de rebajas el doble de lo que realmente necesita, es posible que no tenga  usted NADA que ponerse.

viernes, 7 de enero de 2011

Mamando se entiende la gente

Una leyenda urbana es un relato que se sitúa sobre la delicada línea que separa la realidad de la ficción y cuyo argumento se basa generalmente en la extracción de objetos y/o mascotas del interior del ano u órganos reproductores de un tercero. Pero si usted piensa que los hechos truculentos tales como la espeleología genital, son un invento de este siglo, o bien le han faltado a usted veranos en su pueblo o bien no ha visto demasiado cine español. En todo caso, mucho antes de que los hámsteres se convirtiesen en algo más que una compañía, las leyendas rurales de tradición oral ya recogían fenómenos sorprendentes como éste.

Efectivamente, y por mucho que en las esferas científicas se siga poniendo en duda la capacidad anatómica de las serpientes para churrupar, lo que está comprobado es que dichos reptiles se sienten irremediablemente atraídos por el olor de la leche materna. Otro tema es que dicha atracción los lleve hasta el punto de hacer uso del auto-servicio y se tomen la leche directamente del pezón.

Esta saludable práctica, y es que las culebras serán grimosas pero no tontas, les ha valido buena parte de la mala reputación de la que actualmente gozan, lo que supone un terrible agravio comparativo, dado que lo de mamar es algo que todos nos esforzamos por hacer y además, constantemente:

1. Guardamos en casa de nuestros padres todas las mierdas que no queremos tener en la nuestra:
- ¿Puedo tirar los Madelman que hay en el armario para guardar la insulina de tu padre?
- Está visto que no sientes ningún respeto por mi infancia...

2. Arrasamos con todas las muestras gratuitas que nos pongan por delante, aunque no sepamos qué coño hacer con ellas:
- ¿Para qué quieres veinte parches de nicotina, si nunca has fumado?
- Tú siempre das al traste con todas mis ilusiones...

3. Un mismo objeto tiene un valor radicalmente diferente, en función de si queremos comprarlo, o si queremos venderlo:
- Olvídate de que te paguen algo por el vídeo VHS, si te estorba regálalo y punto.
- Sí hombre, si está nuevo...

Así que si alguna noche se despierta usted con una leve molestia en alguno de sus (dos) pezones:

1. Si es puntual, metálica y brillante, lo que tiene usted es un  piercing, y bastará con que se de la vuelta.

2. Si es permanente e insistente, es su retoño de 30 años que no se va de casa ni con agua caliente.

3. Si es dolorosa y angustiante, son las nuevas medidas dictadas por el gobierno para combatir la crisis.

4. Si es una pinza metálica conectada a una batería de bajo voltaje... lo que tiene usted es mucho vicio.

Si dicha molestia no responde a ninguno de los supuestos anteriormente mencionados, es probable que tenga usted algún reptil chupándole el pezón. En tal caso, lo mejor es que le obligue a volver al banco y concierten una cita en horario de oficina.